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Teatro y Danza

POR EL PLACER DE VOLVER A VERLA, en el Teatre Borràs

porelplacerUn famoso y reconocido autor teatral, también director y –en este caso- actor, nos propone aceptar que “alguien” es único cuando logra despertar en el otro el placer de volver a verle. Nos invita a pensar que, de no ser eso el amor, tal vez pueda tratarse de lo más parecido al amor. Para probar que es así, y dar sentido a su última pieza teatral, deberá contar con “ella”, esa mujer que hará que su nostalgia adopte el rostro de la felicidad. Ante el público –sumergiéndose en un pasado muy presente-, sin prejuicios, ni preconceptos, ni humillaciones, ni miedos, ni desgarros tortuosos, iniciará un viaje al corazón abierto del teatro.

Esta pequeña gran obra trata del infinito placer de comprobar que la realidad y la verdad no son la misma cosa. Que se puede volver a dialogar, emocionar y reir con quien se supone dejó de ser realidad, porque, la verdad, puede traerle cuantas veces quiera. El amor lo hace posible.

Por el placer de volver a verla
hasta el 1 de agosto
Teatre Borràs: Plaça Urquinaona, 9

+info y foto: Grup Balaña

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Comentarios

9 comentarios para “POR EL PLACER DE VOLVER A VERLA, en el Teatre Borràs”

  1. Él, Miguel Ángel Solá, (¡qué grande!) nos convence de que es el autor del texto, incluso el director, y llega a hacernos creer que esa es su madre, y lo que vemos, su vida, hablándonos con tanta naturalidad que hace que no sepamos distinguir donde termina el texto de Michael Tremblay y donde comienza a actuar. Ella, Blanca Oteyza, en el papel de una exagerada y entrañable madre, se va creciendo por momentos, madurando con el personaje, para dejarnos sobre las tablas un perfecto ejemplo de talento al por mayor y elegancia. Ambos, con una increíble química, pasan por la escena trascendiendo el más allá, e involucrando sutilmente al espectador, a través de este esplendido texto que narra, como ningún otro, la ternura de una madre hacia a su hijo, y la admiración de un hijo por su madre. Todo ello transcurre en un sencillo escenario, con un ciclorama que va variando de color y seis cubos, mientras dos operarios van montando y desmontando una azotea, un escritorio, e, incluso, un vagón de tren como si de Lego se tratara. Así, se pone en pie esta sensible comedia, que hila el humor, con ese atisbo de lágrima, en un terreno difícil, en el que logran rematar con nota. Así lo andan diciendo: ¡Todos al teatro! ¡Urgente! ¡Al Borràs! Kim

    Comentario por Kim | Julio 23, 2010, 17:12
  2. El teatro no estaba lleno, quizás por la mitad, pero no como lo merecía esa función. Ella, deliciosa; él de una personalidad que se impone sin prepotencia: actor inmenso en su sencillez de modos. La obra, no llega a ser una obra cumbre, como el mismo personaje en calidad de autor lo admite, pero nos removió a todos. No amargamente, entiéndase, nos removió por la suma de lo que cada uno (lo hablábamos, luego, con amigos), ha sentido a lo largo de la vida por, con, al lado y en los brazos de su madre. La mía nos dejó hace poco tiempo y no hay día que pase sin pensar en ella; pero esta función de teatro, una sencilla ficción, me hizo sentirla nuevamente, oír su voz, recordar sus luchas para enderezarme cuando veía que el viento del mundo me iba a doblar, o romper. Reí, no soy muy demostrativo, en realidad: sonreí mucho, casi todo el tiempo; pero, a medida que el final se iba acercando me encontré llorando, como un niño, feliz por haber encontrado algo perdido. Recomiendo a todos esta pequeña cuota de ilusión, de magia, de ternura, de otra mirada al día a día. Nos pusieron en pie. Nos hicieron gritar ¡bravo! Y reír. Y llorar Y sentir. Y pensar. Y vinieron ellos hasta nuestra casa, a traernos una buena noticia, entre tanta. Felip

    Comentario por Felip | Julio 23, 2010, 17:14
  3. he hallado en la web esta crítica que quizás sirva como guía a quien todavía no haya visto esta obra. Personalmente creo que es una maravilla, pero Jorge Pisa Sánchez le ha encontrado el punto de claridad necesario para contarla.
    UN LUJO EMOCIONAL. ‘Una obra de teatro dedicada a una madre, a todas las madres y a los intensos lazos emocionales que se establecen en el corazón de un hijo, de todos lo hijos. El Teatre Borràs estrenó el pasado 7 de julio Por el placer de volver a verla, la obra que seguro se va a convertir en el éxito emocional de la temporada teatral barcelonesa.
    La obra ideada y escrita por Michael Tremblay, dirigida por Manuel González Gil e interpretada por Blanca Oteyza y Miguel ángel Solá se convierte en un elogio y una alabanza a la suma de esfuerzos, luchas, sufrimientos, penas y como no, alegrías y satisfacciones que jalonan la vida de cualquier familia, basándose en la especial relación entre un hijo y su madre.
    Por el placer de volver a verla es una obra especial. En ella el tiempo escénico y los minutos se transforman, se transmutan en una experiencia de los sentimientos a flor de piel. En poco más de hora y media seremos testigos de algunos de los momentos en los que se basó, desde su infancia, la vida familiar de Miguel, un afamado autor y director teatral, en la que la figura predominante no es otra que la de su madre, muerta a una edad temprana.
    La alabanza de Tremblay se entiende al poco de empezar la obra. La figura maternal presente en la obra ha marcado, desde bien pronto, la vida, el amor, el trabajo y el futuro de Miguel, gracias a la relación especial establecida entre los dos miembros de la familia.
    Y no es más que una personificación teatral de algo que está presente en todas (o eso es de esperar) las familias del mundo. Es, seguro, la figura de la madre la que marca el inicio (y las restantes etapas) de la vida de cualquier hijo; sus preocupaciones, desvelos, maquinaciones e intenciones en relación a sus hijos, a sus queridos hijos. Es este sentimiento, esta relación, este amor el que transpira a lo largo de toda la obra. A través de diferentes escenas traídas al escenario por medio de la memoria, y por lo tanto, incompletas y selectivas, veremos los vínculos familiares desgranados entre Miguel y su madre. Desde las primeras “broncas”, a la propia enseñanza que esta madre ofrece a su hijo; desde las polémicas literarias y vitales, a las idas y vueltas al teatro; desde el distanciamiento juvenil a las discusiones familiares y como no, al planteamiento de la muerte y del futuro.
    La obra apela a la figura de la madre, de cualquier madre, y al sentimiento. No es extraño vincular cada una de las escenas a la propia vida de los espectadores. Por el placer de volver a verla se convierte así en un catalizador emocional en el cual el público puede salir de sí mismo y viajar, trasladarse al pasado, al presente y recordar y revivir su propia experiencia familiar y maternal y emocionarse con ella.
    Todo esto esta dispuesto en escena de la forma más elegante posible. Un escenario casi vacío nos permite fijar nuestra atención en los personajes y en la relación que se establece entre ellos. Tan solo unas piezas cubiculares casi inmateriales y el mínimo atrezzo posible permiten al director y a los actores centrar el discurso en ella, y simular de paso el efecto de la memoria, en la cual las personas y los recuerdos están enmarcados en una niebla física que lo delimita y concentra todo. Los juegos de luces de una gran pantalla le acaban de dar al escenario un toque de ensueño e irrealidad perfecta, la única luminosidad válida para alumbrar algo tan importante como el recuerdo de una madre.
    Blanca Oteyza y Miguel Ángel Solá interpretan a los únicos personajes de la obra a través de las diferentes etapas y edades a las que el tiempo nos obliga a todos a transitar. Oteyza personifica a la madre perfecta (como el recuerdo de cualquier madre obliga a recordar), un personaje luchador, convincente, dialogador, amante de la vida y de la cultura, sobre todo de la literatura (de segunda fila) y del teatro, pero aún más de su familia. Una Oteyza espléndida, como cualquier madre. Por su parte Miguel Ángel Solá da vida a uno de sus hijos, Miguel, que pasará, como cualquiera de nosotros, por todos los ciclos vitales, emocionales y formativos, en las que su madre jugará el papel más importante. En su interpretación, y como no podía ser de otra forma, Solá se reduce, se hace pequeño para poder homenajear a la verdadera protagonista de la obra y de la vida de todos nosotros, y proporcionarle toda la atención posible.
    Un lujo emocional que se mantendrá en la cartelera barcelonesa hasta el próximo 1 de agosto.
    Por el placer de volver a Jorge Pisa Sánchez

    Comentario por Mónica | Julio 25, 2010, 14:57
  4. POR EL PLACER DE VERLOS SIEMPRE. Por el placer de volver a verla es un homenaje a la figura de la madre, la única mujer sin la cual nada es posible. Y no hablamos de lazos de sangre sino de su paso por nuestra vida, y de su papel en cada uno de los días que pasamos o hemos pasado con ella. Un prestigioso autor teatral, director y también actor (Miguel Ángel Solá) invita al espectador a ser partícipe de su infancia, su adolescencia y de su paso a la edad adulta con la inamovible presencia de su madre, personaje que interpreta Blanca Oteyza. Y de esta forma, tan sencilla y tan auténtica, asistimos a discusiones existenciales, debates, risas, tristezas, y toda clase de emociones tan humanas como sus protagonistas. El texto de Por el placer de volver a verla no tiene pretensión alguna, salvo la de llegar al corazón sin apenas buscarlo. Quizás no sean las palabras de Berthol Brecht, ni los conflictos familiares de Tennesse Williams, pero es otro teatro, el de los pequeños detalles, el de la rutina diaria, el del amor y la ternura. Y su eficacia se basa en la humildad y la autenticidad de sus personajes, en la cercanía de las situaciones por las que pasan y en la empatía que, inevitablemente, se crea con el espectador. Miguel Ángel Solá está en el escenario como “Pedro por su casa”, natural como la vida misma, y con la presencia escénica que sólo unos pocos tienen. Le bastan un par de gestos y un pequeño cambio de voz para ofrecernos un personaje de once añitos, gracioso, espabilado, protestón, defensor de sus ideas, que recuerda a veces a la Mafalda de Quino. De ahí en más: a crecer. Todo lo hace con una facilidad innata. Dándole la réplica se encuentra Blanca Oteyza, la madre del protagonista. Una mujer exagerada, como tantas madres, que la actriz interpreta a la perfección. Con carácter, cariño, dulzura, sabiduría y enfados, esta madre conquista al público sin mucho esfuerzo. Nada sería igual si este tándem no fuera pareja, porque la complicidad entre ambos es evidente. La luz que brilla en los ojos de cada uno, con sólo una mirada, se siente hasta la fila 10 y más allá. Si bien es verdad que Hoy: el diario de Adán y Eva iba repleto de emociones, humor, ingeniosidad y ternura, esta obra no se queda lejos. Sigue el camino de su antecesora, aunque sin llegar a alcanzar su genialidad. Eso sí, se respira amor de madre por toda la sala. El protagonista nos sugiere que alguien es único cuando logra despertar en el otro el placer de volver a verle. ¡Cuánta verdad hay en esta frase! Una obra entrañable, no hay que perdérsela… Eduard

    Comentario por Eduard | Julio 26, 2010, 14:04
  5. Es sensacional. Soy argentino y me piro por Solá porque es el gran actor de mi tierra, pero, esta vez, la gallega me mató. Es la supermamá, es tan lindo verla actuar, hace seis años, en El diario de Adán y Eva que vi tres veces y donde a Solá le faltaba tocar el saxo con los dedos de los pies, ella se mantenía elegante, vital. alegre, estaba fantástica; pero ahora es un genio. Que lindo ver que pasan los años y siguen juntos, haciendo estas bellezas. La verdad es que es para ver varias veces esta buenísima idea que han tenido. Es emocionante, es buena para el corazón de uno, que anda lejos de los viejos y para cualquiera que los tenga cerca y se olvide de darles la bola que merecen. Y para aquellos que no los tienen ni cerca ni lejos debe ser un bombazo. Soy adicto a esa pareja de actores. Ese teatro debería estar lleno de argentinos, los catalanes no son de ir mucho al teatro, al menos al teatro con mayúsculas. Me lo dicen mis amigos catalanes, no es un invento mío. Bueno, tienen la oportunidad hasta la semana que viene, luego se van. No sean giles, vayan. Es lo mejor que puedo desearles. Rubén.

    Comentario por Rubén Rodríguez | Julio 26, 2010, 14:07
  6. Una maravilla de función. La vida pasando como una luz, esa que ilumina las treinta cosas importantes, las mil palabras que nos dieron la vida, la identidad y la belleza de la comprensión. Noche inolvidable para muchos. Ella y él nos han arrebatado con su arte en el escenario, y, más tarde, con su sencillez a la salida del teatro Borràs. Ha sido una noche de alegría por muchas razones; el saber que la vida vale la pena, pase lo que pase, la primera. Helena.

    Comentario por Helena | Julio 26, 2010, 14:09
  7. Más teatro.
    Una de las cosas de las que me arrepiento (teatralmente hablando) es de no haber ido a ver hace unos cuantos años “Hoy: El diario de Adán y Eva” de Mark Twain, se representó en mi ciudad pero todavía no había oído hablar de ella y no fui. Meses después se empezó a hablar mucho y muy bien, y la obra continuó representándose durante años por todo el país, pero ya no tuve oportunidad de verla.

    Pero ahora, en cierta manera, me pienso desquitar. Los mismos protagonistas Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza están representando la obra de Michel Tremblay “Por el placer de volver a verla”. Son retazos de la vida de un niño, y después no tan niño y su madre. Son simplemente momentos de sus vidas recordados por ese niño que ahora es todo un hombre y que se dedica a escribir teatro. No pasan grandes cosas, pero a través de sus conversaciones, sus bromas y sus riñas vemos pasar la vida ante nuestros ojos.

    El texto resuma ternura, inteligencia y sentido del humor. Los intérpretes bordan sus papeles. Parece mentira que sin necesidad de caracterización alguna podamos ver en Miguel Ángel Solá tanto a un niño de 11 años como a un hombre hecho y derecho. Por su parte Blanca Oteyza encarna a la perfección a esa madre que se parece un poco a todas nuestras madres unas veces furiosa, otras veces tierna y amorosa. Se trata de teatro con mayúsculas, la magia del teatro se pone de manifiesto siempre que sobre el escenario hay unas personas que saben y quieren contar una historia y en el patio de butacas hay espectadores que quieren escucharla y ser partícipes de la misma. No hace falta nada más.

    A lo largo del texto hay numerosas alusiones al teatro y al amor incondicional a este arte de Talía. Escuchándolas y viendo a los actores representar sus papeles nos hacemos conscientes una vez más de la inmensa grandeza del teatro.

    Os la recomiendo a todos los que os gusta el teatro, si pasa cerca de vuestras ciudades y pueblos no os la perdáis. Os la recomiendo también a los que NO os gusta el teatro o pensáis que no os gusta, si vais a verla descubriréis que estabais equivocados, que también a vosotros os gusta el teatro.

    Al principio de esta reseña os decía que esta vez me voy a desquitar, y es cierto: Ayer tuve la oportunidad de ver esta obra y esta tarde a las 7, tendré el inmenso placer de volver a verla.
    Lo mío es puro teatro.

    Comentario por Sissy | Julio 26, 2010, 14:12
  8. Quizás lo más sentido que haya visto en mi vida. He estado envuelta en una emoción desconocida y al mismo tiempo muy mía. Me ha fascinado el amor que sienten esos dos seres el uno por el otro, que trasciende la actuación para terminar siendo carne y espíritu.

    Comentario por Soledad Salinas Millares | Diciembre 27, 2010, 21:26
  9. La inmortalidad existe.
    Existe para algunos pocos elegidos, pero existe. La mayoría de las veces porque esas mismas personas la han buscado, pero otras veces, se consigue sin quererlo, solamente por amor y este es el caso de esta obra. La inmortalidad de una mujer gracias al amor de su hijo. Un hijo que cree que todo el mundo debe conocerla, por ser una mujer especial. Realmente es especial y conocerla lo mejor que te puede pasar.
    Por el placer de volver a verla es el ejemplo más bonito de como alguien, por amor, consigue traer a esa persona que tanto añora de vuelta a la vida.
    Es el teatro dentro del teatro. Es Tremblay (o su equivalente en actor) presentando a esa mujer que tanto ama al público, recreando su vida otra vez, para ofrecerle el final que se merece, repleto de amor, de belleza y de honor. Sin atrezzo, sin más personajes que ellos dos. El escenario prácticamente vacío y aún así logras sumergirte del todo en la historia. Es la historia de amor más pura y sencilla contada a través del cuerpo de otros actores.
    Es muy difícil explicar la peculiaridad de esta obra de teatro. La verdad es que nunca había oído hablar de Michel Tremblay y ha sido con esta obra con la que he descubierto a uno de los escritores más emotivos que he tenido el placer de vivir.
    Me da la sensación de que Tremblay sufre un poco el síndrome de mamitis que sufría (o sufre) Almodóvar. Es una persona profundamente enamorada de su madre, tremendamente ligado a ella, para quien no existe nadie más y para quien nadie podrá ocupar su lugar. Normalmente suelo tener sentimientos de rechazo antes estos casos de mamitis tan exagerados, pero en esta obra se respira tanto amor, tantas ansias por hacer lo imposible por otra persona, tanta fuerza, que al final de la obra lo único que puedes hacer es llorar. Llorar y desear que algún día, alguien sea capaz de quererte de la misma manera y con la misma intensidad e intente por todos los medios recordarte e inmortalizarte una vez te hayas ido.
    Esta obra (título original Encore un fois, si vous le permettez), ha sido ganadora del premio Chalmers y del premio Dora Mavor Moore en el 2000. No es que sean premios súper famosos y fantásticos, pero ahí están. Fue escrito en solamente 3 días y ha sido traducida a más de 22 idiomas, siempre con una crítica excelente. Es sin duda la obra más desinteresada y mágica que he visto en mucho tiempo y una de las mejores maneras de pasar un viernes o sábado noche.
    ¿Por qué mola tanto la obra?
    Mola por muchas cosas, te ríes, lloras, te vuelves a reír y pasas un buen rato. Pero sobre todo mola porque escribiendo esta obra, Tremblay ha logrado que su madre resucite varias veces al día, en diferentes partes del mundo, cada vez que un teatro decide ofrecer su obra. Porque en el momento en que su madre está ahí, viva, delante de él, la hace feliz, la convierte en reina, se desvive por darle la despedida que no le pudo dar. Porque, especialmente al final, puedes sentir el amor que hay sobre el escenario, lo lejos que ha llegado una persona para demostrar amor, para inmortalizar a la persona más importante en su vida, para traerla una y otra vez a la vida y así no tener que decir adiós jamás de manera definitiva.
    Mola porque, durante los 90 minutos que dura la obra, te olvidas de ti, de tu situación, de tus problemas y preocupaciones, para convertirte en un mar de emociones. Vas a reírte mucho y vas a llorar mucho. Vas a sentir mucho. Y sentir tanto, hasta ser incapaz de hacer cualquier cosa que no sea sentir, es de las experiencias más enriquecedoras que hay, porque nada nos hace más humanos que sentir.
    La obra se puede ver en estos momentos en su segunda edición en el teatro Amaya de Madrid, Paseo. General Martínez Campos 9.
    La recomiendo encarecidamente.
    By Nat in Mola vivir otras historias Tags: teatro, emociones, artes escénicas, actuaciones http://cosasquemolan.com/author/cosasmolonas/ 22 Nov 2010

    Comentario por Mónica | Diciembre 27, 2010, 21:28

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